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Emblema histórico de la Patagonia
La torta galesa se ha convertido, con el correr de los años, en uno icono de la Patagonia. No solo es uno de los pilares fundamentales de la gastronomía de la región sino que, además, forma parte de su cultura vigente.
Torta galesa, parte de la historia viva de la Patagonia

La migración galesa que arribó a la Patagonia, en la segunda mitad del siglo XIX, protagonizó un proceso de amalgama cultural que ha dejado un fuerte legado. En materia culinaria, la “Torta galesa” es una receta concebida en las frías tierras del Chubut. Cuenta con ingredientes ricos en nutrientes y calorías, con la que se recibía a las visitas que llegaban en aquellos días en los que la comunicación era muy compleja debido a las largas distancias.

La torta galesa tiene una particular característica: puede llegar a durar más de un año, mientras se la conserve en envase hermético. Tradicionalmente, hay familias patagónicas que las suelen incorporar como tortas de casamiento; cortando porciones por cada nuevo aniversario y guardando el resto.

Características de la torta galesa de la Patagonia

La torta galesa tiene una receta tradicional, abundante en sabores y aromas, convertida con el paso de los años en patrimonio cultural de la región y atractivo insoslayable del turismo gastronómico de la Patagonia. Las recetas originales suelen ser patrimonio de cada hacedor; pero, a grandes rasgos, la torta galesa lleva higos negros, pasas de uva, ciruelas, nueces y frutas abrillantadas, que deben dejarse macerar en licor y miel, por lo menos durante dos días, en un envase cerrado herméticamente.

En la misma línea, la preparación de la masa lleva manteca, azúcar negra, esencia de vainilla, nuez moscada, clavo de olor, canela y huevos. Se mezclan todos estos ingredientes, a los que posteriormente se les incorpora la fruta macerada en licor y miel. Por último, se le agrega azúcar quemada, elaborada con azúcar blanca hecha caramelo y disuelta con agua, que se le agrega a la masa, junto con harina leudante.

A continuación, durante diez o quince minutos se amasa la mezcla con una cuchara de madera y posteriormente se vierte en moldes, que se cocinan en horno caliente y a fuego lento. La cocción demanda entre una hora y una hora y media, según el tamaño de la preparación. Al sacarla, se la deja descansar y luego se la “pinta” con un pincel con licor y azúcar impalpable para darle brillo. A los dos días se la envuelve herméticamente y tras una semana está lista para consumir.

Un acerbo cultural patagónico
Cada año, en condiciones normales, todas las localidades de fuerte cultura galesa de la Patagonia, como Esquel, Trevelin o Gaiman, reciben cientos de visitantes que se vuelcan con curiosidad a conocer y disfrutar de la “torta galesa”. Uno de los pilares gastronómicos y del acerbo cultural que marcó a fuego a una enorme porción de la sociedad patagónica.
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